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Se dicen muchas cosas sobre el césped artificial, algunas ciertas y otras muchas carentes de sentido y de realidad. Desmontamos algunos de los mitos más recurrentes en este sector que demostrarán las grandes ventajas de esta alternativa sostenible para exterior.

El primer mito hace referencia al tipo de relleno que se emplea en este tipo de césped. Lo cierto es que los materiales que se utilizan son reciclables. En cuanto al caucho que se destina con frecuencia a campos de fútbol, está elaborado con neumáticos y no es tóxico. No obstante, cada vez surgen más propuestas de rellenos a base de productos naturales como la fibra de coco o arena de sílices, ambas muy presentes en instalaciones residenciales y paisajísticas.

Tampoco es cierto que sea inseguro para niños o mascotas. En realidad, el césped artificial es antialérgico, no atrae insectos y no necesita la aplicación de productos químicos para su mantenimiento o cuidado. Es decir, se trata de una superficie protegida para los más  delicados de la casa.

En cuanto a las opciones decorativas, no son  más limitadas que en el césped natural puesto que  admite igualmente la plantación de árboles, arbustos o plantas con los que dotar de  personalidad y atractivo visual al paisaje.

En lo que se refiere a la economía, el césped artificial resulta especialmente interesante. Solo 1m2 evita el uso de 750 litros de agua que exigiría una superficie natural. Todo ello sin mencionar la posibilidad de prescindir de fertilizantes y abonos con sus consecuentes gastos para el mantenimiento de todo el área. A ello se suma el hecho de no tener que recurrir a maquinaria como cortadoras de césped evitando costes de  gasolina y emisiones nocivas de carbono.

Los mitos no dejan de ser mitos que restan objetividad a muchas realidades. En este caso, se puede afirmar sin duda alguna, que el césped artificial constituye la alternativa sostenible para crear espacios exteriores verdes sin pasar factura al planeta.

Fuente: perfectgarden